Inicio de la sentadilla ¿Cadera o rodillas?

Para aquellos que ponen en duda mi posición respecto a este tema, aquí expongo un vistazo rápido al origen de mi opinión:

Cuando comienzas una sentadilla desde la cadera, la carga inmediatamente se mueve hacia delante, promoviendo la híper-solicitación de los erectores espinales para contrarrestar la inercia de lo que suele ser una gran carga. El movimiento en la sentadilla es una compleja sucesión de movimientos articulares y acciones musculares interactivas que requiere prácticamente un rango de movimiento completo en todas las articulaciones del tren inferior. La cuestión es que siempre terminas en la posición baja, independientemente de la trayectoria que te lleve ahí. Puesto que los levantadores de potencia entrenan y compiten con pesos extremadamente altos, y por la razón de que un gran porcentaje de ellos sufren de una incorrecta solicitación de la pared abdominal, siento que lo mejor es realizar el movimiento en la manera más eficiente posible, dejando de esta forma más acción neuronal para levantar y bajar la carga, sin malgastar energía en un recorrido excesivo de la barra en el plano sagital.

 

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La propia cuestión que habéis levantado relativa al inicio desde las caderas para llevar la carga a los talones demuestra que para que el levantador de potencia de élite pueda mantener una trayectoria de la barra lo más cercana a la vertical posible, éste debe dejar la barra donde está en el plano sagital, lo cual resulta en la necesidad de desplazar la cadera hacia atrás durante el descenso, exponiendo así los erectores espinales y la columna vertebral en sí a cargas compresivas y de cizallamiento extremas. El efecto de esta técnica será que la columna vertebral se desgastará a un ritmo mayor.

La iniciación desde las caderas permite que la cadera se mantenga durante más tiempo bajo la barra y reduce tanto el momento sobre los erectores espinales como el trabajo general realizado. Esto permite más implicación neuronal para la gran musculatura de la cadera y las piernas para mover la carga y minimiza las fuerzas de cizallamiento y compresión sobre la zona lumbar. Esto es muy importante, pues todas las cápsulas articulares del ser humano tienen mecano-receptores que son sensibles a la presión, tensión y movimiento. Los receptores de tipo III tienen una función muy parecida a la de los órganos de golgi de los tendones (¡¡inhibición de los músculos que actúan en la articulación!!). Puesto que el cuerpo es un organismo que se auto-protege, hará todo lo posible para defenderse de una lesión y, por ello, sobrecargar estos receptores causará una disminución en la acción neural sobre los músculos que actúan sobre la articulación de forma peligrosa.

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En mi opinión, no deberías estar diciendo “no es así como lo hacen Hatfield y otros”, sino ¡cómo puedo yo hacerlo mejor! Hay muy pocas personas en el mundo del ejercicio que hayan realizado disecciones de cadáveres o que hayan pasado años rehabilitando lesiones musculoesqueléticas a la vez que exploraban descubrimientos relevantes en atletas levantadores de peso. Todos mis programas se basan en cómo funciona el organismo. Con el tiempo veréis que la técnica de los ejercicios cambiará para impulsar una función óptima al ritmo que la comunidad de levantadores obtenga una mejor percepción de la anatomía funcional. La pregunta es, ¿Cuánto podrían haber levantado estas personas si hubiesen sido entrenadas para tener una musculatura abdominal funcional y tener un óptimo desarrollo de los músculos estabilizadores, así como para programar el sistema nervioso bajo las pautas del rendimiento; y no tanto siguiendo simplemente un acercamiento de esfuerzo máximo y carente de sentido, sino bajo la batuta de la ciencia del movimiento?

No pretendo difamar los logros de ningún gran hombre, ¡¡sólo busco maneras de hacerlos todavía mejores!!

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