¿Engordan las bebidas light?

Consideremos los siguientes titulares, los cuales aparecieron durante el último año en medios de comunicación de gran alcance:

“Los refrescos light pueden provocar ganancia de grasa, no su pérdida”
MSN News

“Estudio: Los refrescos light no te ayudan a perder peso”
USA Today

“10 razones para dejar de tomar refrescos light”
Fox News

La lista sigue y sigue. Se puede asumir que las afirmaciones que hace la gente sobre la salud están poderosamente influidas por las noticias, especialmente aquellas con gran difusión y repetición.

 

La afirmación en cuestión es que las bebidas edulcoradas artificialmente (light) engordan tanto, o incluso más, que las bebidas azucaradas.

Pero, por supuesto, nuestro deber como individuos de mentalidad científica es valorar la evidencia obtenida en la investigación. Pero antes de eso, comencemos examinando cómo pudo originarse la preocupación por las bebidas light.

Más obesidad, más sospechosos

Las tendencias de aumento de la obesidad y el sobrepeso muestran su mayor pico desde los años 80 hasta finales de los 90, después del cual muestra un incremento mucho más gradual pero estadísticamente significativo hasta el tiempo presente1.

Más de dos-tercios de la población adulta sufre sobrepeso, y más de un tercio asciende a la categoría de obeso. Desde principios de los 60 hasta hoy, la prevalencia de la obesidad en adultos ha aumentado más del doble (13,4% frente al 35,7% actual).

Si se investiga lo suficiente, se observa que la tendencia en el consumo de bebidas light parece haber acompañado a la tendencia a la obesidad, dado que la ingesta de edulcorantes no-nutritivos han aumentado notablemente a nivel global en las últimas tres décadas2.

 

Fase de estimulación cefálica y respuesta insulínica

Se ha especulado con la idea de que las bebidas light pueden provocar una fase de estimulación cefálica (antes de que la comida entre en el estómago) de factores neurogénicos y hormonales que pueden incrementar el apetito.

Se ha propuesto también la teoría inversa; la falta de una fase de estimulación cefálica produce una ingesta aumentada subsiguiente de energía.

Sin embargo, ambos mecanismos propuestos que involucran la fase cefálica carecen de evidencias sólidas o convincentes2.

También se han suscitado dudas sobre la secreción de insulina que pudieran producir los edulcorantes no nutritivos. Los edulcorantes dietéticos varían en su capacidad para incrementar la insulina en la fase cefálica. Por ejemplo, el aspartamo no ha mostrado poseer un efecto insulinogénico, mientras que la menos empleada sacarina ha mostrado un efecto insulinogénico. Con todo, esta preocupación por la insulinogénesis es bastante debatible, dado que una elevación aguda de la insulina en realidad suprime el apetito3.

Más allá del corto plazo: datos observacionales

Los datos a corto plazo proporcionan valiosa información para la reflexión, pero los resultados a largo plazo poseen mayor relevancia. Las pruebas con meses o semanas de duración pueden revelar la composición corporal los cambios en el peso corporal, mientras que los estudios sobre respuestas fisiológicas inmediatas nos dejan con grandes interrogantes.

 

En el mismo sentido, cuando se discute la relevancia de los datos, la investigación observacional a menudo es denostada por ser incapaz de demostrar causación, aunque es parte del puzle de las evidencias y por ello no debe ser ignorada.

Quizás no resulte sorprendente que los datos observacionales que examinan la relación entre las bebidas light y el peso corporal estén mezclados, produciendo todo tipo de conclusiones4-6.

Un concepto importante en el que fijarse es el potencial para la causalidad inversa. En otras palabras, los individuos obesos pueden tener una tendencia a consumir bebidas light con la intención de perder peso (o mitigar su ganancia), que no es lo mismo que las bebidas light causen por sí mismas el estado de obesidad.

Este cúmulo substancial de resultados equívocos clama por el rigor de la investigación experimental controlada, en la que nos fijaremos ahora.

Datos intervencionales

La investigación intervencional realizada a largo plazo es donde encontramos los datos más sólidos a favor o en contra del uso de las bebidas light, dado que son capaces de establecer causación.

La cantidad de datos controlados disponibles no es vasta, pero es esclarecedora pese a todo. Experimentos que involucraban a sujetos obesos y de peso normal con una duración de 3-10 semanas comparando las bebidas endulzadas con azúcar con las bebidas light ha demostrado que estas últimas producían pérdida de peso mientras que las bebidas no dietéticas producían ganancia de peso8-9.

Los experimentos más largos de 6 meses de duración han mostrado o bien una pérdida moderada de peso10, o ninguna diferencia11, o bien la prevención de la ganancia de peso cuando las bebidas con azúcar eran reemplazadas por las bebidas light12.

De suerte que basándonos en el conjunto de evidencias, la creencia de que las bebidas light te harán engordan es un montón de ya-sabes-qué.

Traducido y adaptado para Fisiomorfosis.net por José E. Platón

Referencias

1. Weight Control information Network, US Department of Health and Human Services/National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases. Overweight and Obesity Statistics. Last Modified: March 12, 2013. [WIN]

2. Mattes RD, Popkin BM. Nonnutritive sweetener consumption in humans: effects on appetite and food intake and their putative mechanisms. Am J Clin Nutr. 2009 Jan;89(1):1-14. [PubMed]

3. Pliquett RU, Führer D, Falk S, Zysset S, von Cramon DY, Stumvoll M. The effects of insulin on the central nervous system–focus on appetite regulation. Horm Metab Res. 2006 Jul;38(7):442-6. [PubMed]

4. Fowler SP, Williams K, Resendez RG, Hunt KJ, Hazuda HP, Stern MP. Fueling the obesity epidemic? Artificially sweetened beverage use and long-term weight gain. Obesity (Silver Spring). 2008 Aug;16(8):1894-900. [PubMed]

5. Vanselow MS, Pereira MA, Neumark-Sztainer D, Raatz SK. Adolescent beverage habits and changes in weight over time: findings from Project EAT. Am J Clin Nutr. 2009 Dec;90(6):1489-95. [PubMed]

6. Stellman SD, Garfinkel L. Artificial sweetener use and one-year weight change among women. Prev Med. 1986 Mar;15(2):195-202. [PubMed]

7. Ludwig DS, Peterson KE, Gortmaker SL. Relation between consumption of sugar-sweetened drinks and childhood obesity: a prospective, observational analysis. Lancet. 2001 Feb 17;357(9255):505 -8. [PubMed]

8. Tordoff MG, Alleva AM. Effect of drinking soda sweetened with aspartame or high-fructose corn syrup on food intake and body weight. Am J Clin Nutr. 1990 Jun;51(6):963-9. [PubMed]

9. Raben A, Vasilaras TH, Møller AC, Astrup A. Sucrose compared with artificial sweeteners: different effects on ad libitum food intake and body weight after 10 wk of supplementation in overweight subjects. Am J Clin Oct;76(4):721-9. [PubMed]

10. Ebbeling CB, Feldman HA, Osganian SK, Chomitz VR, Ellenbogen SJ, Ludwig DS. Effects of decreasing sugar-sweetened beverage consumption on body weight in adolescents: a randomized, controlled pilot study. Pediatrics. 2006 Mar;117(3):673-80. [PubMed]

11. Ebbeling CB1, Feldman HA, Chomitz VR, Antonelli TA, Gortmaker SL, Osganian SK, Ludwig DS. A randomized trial of sugar-sweetened beverages and adolescent body weight. N Engl J Med. 2012 Oct 11;367(15):1407-16. [PubMed]

12. de Ruyter JC1, Olthof MR, Seidell JC, Katan MB. A trial of sugar-free or sugar- sweetened beverages and body weight in children. N Engl J Med. 2012 Oct 11;367(15):1397-406. [PubMed]

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