El fetiche de los suplementos

En mi experiencia personal he consumido todo tipo de suplementos, suero, caseína, glutamina, citrulina malato, arginina, NO, todos los tipos de creatina, aminoácidos esenciales, BCAA’s, quemadores… durante períodos de tiempo suficientemente largos y significativos. En ocasiones prescindía de todos ellos, o bien los rotaba, para contrastar resultados. Ninguna diferencia. Ya no tomo nada, más que, cuando no hay comida, proteína de caseína.

 

Los que tienen un valor real, aunque subsidiario, son las proteínas, pero por eso, porque son comida. Y esta se puede obtener de los alimentos sólidos, lo que resulta más ventajoso para una liberación sostenida. Algunos especulan con que la rapidez de la proteína de suero puede ser incluso demasiada para ser asimilada totalmente antes de su excreción. Lo que está en juego son tres cosas: 1- El efecto placebo.
La motivación extra que produce la fe en un producto puede llevar al usuario a entrenar más dura e intensamente, a cuidar más su alimentación, etc, obteniendo resultados que érroneamente atribuye al suplemento. En este caso es difícil negar el valor de la autosugestión, el dinero al menos ha servido para algo. 2- El efecto «sopa de piedra».
A veces, en torno a un suplemento se orquestan un gran número de recomendaciones que teóricamente están pensadas para extraer de él todo su potencial. Lo que ocurre en realidad es que esas recomendaciones son principios generales y básicos de la dieta y el entrenamiento correcto, y surtirían efecto sin el suplemento. En el cuento de la sopa de piedra, alguien trata de hacer sopa con una piedra (el suplemento) y comprueba que no está buena. Entonces añade un poco de tomate, y sigue sin estar buena. Después todo tipo de verduras, etc. Y finalmente obtiene una rica «sopa de piedra». 3- El poder irresistible de la publicidad.
Sí, vivimos en un mundo estúpido, de apariencias e intereses, y somos eminentemente animales visuales. Estamos cansados de ver modelos en las revistas anunciando productos que ellos no necesitan. Y esto vale para las cremas tanto como para los suplementos.
Los comerciantes se ven en la necesidad de renovar nuestro interés en el producto creando versiones diferentes del mismo cada cierto tiempo. Puede ser un cambio en el envase, un detalle de la fórmula, algún concepto mercadotécnico imposible de comprobar… pero siempre, como el burro tras la zanahoria, pensamos que esta vez habremos encontrado ese producto que hará la diferencia. Yo mismo confieso, que aún siendo consciente de todo esto, todavía me siento tentado en ocasiones, por algunos segundos, en comprar algún suplemento atractivo, como fetiche.

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