Olor a amoníaco tras realizar deporte

En anteriores artículos hemos dejado claro la importancia de los hidratos de carbono como nutriente básico para la práctica deportiva. Uno de los efectos de una mala alimentación es el olor a amoníaco tras la realización de una sesión de ejercicio físico. Esto ocurre en cualquier tipo de personas, tanto entrenadas como desentrenadas, a pesar de que es más sencillo encontrarlo en diabéticos.

Cuando sometemos al organismo a una carga fuerte de entrenamiento o a un gran estrés durante una competición, el nutriente al que recurre para poder generar energía es los carbohidratos. Esto se debe a que, a pesar de que no son el nutriente más rentable para producir energía (los ácidos grasos generan mucha más), sí son el más rápido, ya que su transformación puede ser directa y no requiere, indispensablemente, de la presencia del oxígeno.

Si nuestra dieta es baja en hidratos de carbono, los depósitos presentes en músculos, sangre e hígado pueden agotarse. Entonces, el cuerpo recurre a otras vías menos eficientes para obtener la energía: las proteínas y los lípidos. Eso es un reflejo de que al organismo le queda poco combustible porque estos nutrientes ceden energía a un ritmo mucho más lento e insuficiente para mantener el gasto producido por un esfuerzo importante. A menudo se puede caer en una pájara en este momento.

En estos casos es cuando se produce el que se suele conocer como olor a amoníaco. No obstante, este olor proviene de la acetona, un cuerpo generado por la combustión ineficaz de las grasas, proceso denominado como cetosis y considerado como el primer nivel de desnutrición. Uno de los problemas más importantes de la cetosis es que se sobrecarga la función renal, pudiendo poner en peligro este órgano.

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Esto es común en diabéticos que, debido a su enfermedad, tienen más dificultades para almacenar glucosa y sus reservas para aguantar ejercicios o competiciones de larga duración son bastante escasas, cosa que, si no reponen convenientemente durante el ejercicio, obliga a su organismo a recurrir a otras fuentes energéticas.

La solución para este caso pasa, en el caso de no ser diabéticos, por mejorar la dieta. Añadir un mayor porcentaje de hidratos de carbono (como mínimo un 55% del total de la dieta, aunque en deportistas puede ser un porcentaje más alto). Esto eliminará, por un lado, la producción de este olor típico a amoniaco y, por otro lado, proporcionará un mejor rendimiento al deportista durante su práctica.

Diego Martínez García

Lcdo. Ciencias de la Actividad Física y del Deporte

Colaborador de |

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