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Fisiomorfosis

¿Mala suerte?¿buena suerte?

La suerte es algo muy subjetivo y usualmente se relaciona con la buena o mala fortuna que pueda tener una persona a lo largo de su vida. El problema es cuando nos echamos a morir por una serie de acontecimientos que, aunque a primera vista pudieran parecer desafortunados, es posible que sean una parte necesaria para el comienzo de algo bueno y grande.

Una historia china habla de un viejo labrador del campo que tenía un caballo para cultivar sus tierras. Cierta mañana, el caballo escapó a las montañas y el anciano no pudo arar más. Cuando los vecinos se acercaban al viejo labrador para lamentar la desgracia que estaba viviendo, éste les replicaba: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? Sólo Dios lo sabe“.

Una semana después, el caballo bajó de las montañas trayendo consigo una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos felicitaron al labrador, pero éste les respondió: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? Sólo Dios lo sabe“.

Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de esos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró el hecho como una tragedia, más no así el labrador quien solamente se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? Sólo Dios lo sabe“.

Unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando llegaron a las tierras del viejo labrador y vieron a su hijo con la pierna rota, lo dejaron tranquilo. “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? Sólo Dios lo sabe“.

Pocos meses después, la novia del joven se casó con otro, rompiendo su ilusión de formar con ella una pareja muy feliz, rodeada de hijos que le ayudasen en las tareas del campo. Lo que él ignoraba era que, al casarse, despertó en ella su temperamento posesivo y exigente de comodidades materiales, lo cual convirtió en un calvario la vida de su esposo y de su familia. “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? Sólo Dios lo sabe“.

Un día, el joven murió de repente. Ignoramos si fue por causa de su pierna rota o por un accidente. Los vecinos se acercaron para conmoverse del viejo labrador y de paso renegar de los designios de Dios, pero éste los censuró: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? Sólo Dios lo sabe“.

Cuando le llegó al anciano el fin de su vida material, su espíritu se enteró que su hijo había sido librado de tener un resto de vida muy desgraciada. Ignoramos si se escapó de un mal matrimonio, de ser un ladrón o de matar accidentalmente a alguien. En realidad, eso poco interesa. “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? Sólo Dios lo sabe“.

Todo lo que a primera vista pueda lucir como algo malo, como un contratiempo, puede esconder un bien, y aquello que parece bueno a primera vista, puede ser realmente completamente dañino. Usualmente, cuando las cosas se reciben y se aceptan como Dios las disponga, se comprobará más tarde o más temprano que “No hay mal que por bien no venga”.