Enfrentarse con cojones a una lesión (Matt Kroc)

Se me conoce por ser capaz de sufrir graves lesiones y salir de ellas completamente curado (y en un tiempo récord). Mientras escribo esto, llevo 9 semanas tras una operación del tendón distal del tríceps. Aunque aun me queda mucho camino por recorrer para volver a los niveles de fuerza anteriores, mi recuperación va bien.

Sea como sea, ya ves, me he ganado esta fama.

Ninguno de nosotros quiere sufrir una lesión grave, pero muchos lo harán. Cuanto más tiempo estás en éste deporte y más fuerte eres, mayor es la probabilidad de que en algún momento te enfrentes a una lesión grave. Dado mi nivel de fuerza y enfoque de entrenamiento, he sufrido más desgarros de músculo y tendón que casi cualquier otro competidor en activo que conozco.

Me roto el gemelo izquierdo, el cuádriceps derecho, el pectoral izquierdo, el dorsal derecho, la ingle en ambos lados, la espalda baja un montón de veces, ambos bíceps, el tríceps derecho una vez, y el tríceps izquierdo tres veces, incluyendo la rotura más reciente que requirió cirugía para la reparación del tendón.
Tres de las lesiones me llevaron en silla de ruedas al quirófano, y muchas otras requirieron una rehabilitación extensa. También se me ha separado el acromio-clavicular derechota, dislocado el hombro derecho, e incluso me he forzado hasta el punto de causarme una hemorragia intracraneal (en dos ocasiones)

Muchos dirán que tengo suerte de estar vivo y completamente funcional, y además compitiendo. Sin embargo, incluso con todas estas lesiones, continúo progresando, y cada año soy más grande y más fuerte.
Este artículo va de cómo me las arreglé para superar estos obstáculos y de cómo puedes hacer lo mismo si el levantamiento de los demonios te golpea.

Hay dos cuestiones importantes después de una lesión grave. La primera es, obviamente, la lesión en sí. La segunda, y a menudo un reto mayor, el aspecto psicológico de volver al entrenamiento y la competición después de una lesión grave.

En primer lugar, una advertencia: Voy a compartir con vosotros lo que he hecho yo y lo que ha funcionado bien para mí. No te estoy asesorando para que vayas en contra del consejo de tu médico.

La cuestión física
Para cualquier lesión del tejido blando, cuanto antes te levantes y te muevas (dentro de lo razonable), mejor. Si acabas de salir de una operación y la extremidad lesionada está lesionada o entablillada, obviamente, tendrás que esperar hasta que el médico te la quite (puedes haber oído algo de que me quité yo mismo una escayola 10 días después de operarme. No lo recomiendo. Ten en cuenta que no es ningún secreto que no estoy muy bien de la cabeza, y también que he pasado por este proceso un montón de veces y conozco mi cuerpo muy bien.)

Sin embargo, la mayoría de los cirujanos no están acostumbrados a tratar con atletas. El paciente típico suele ser anciano o sedentario teleadicto y por lo general con mala salud. Aunque la histología celular no se diferencian entre un deportista y una persona sedentaria, el proceso de rehabilitación para un atleta muy en forma y muy motivado será muy diferente.

La clave es escuchar al cuerpo. Si tu cuerpo te dice que no, escúchalo. El no hacerlo simplemente se traducirá en una nueva lesión y tener que repetir todo el proceso.

Primer paso: ponerse en marcha
Cuanto antes puedas empezar a mover la zona lesionada, mejor. Esto aumentará el flujo sanguíneo y fortalecerá las áreas que se hayan atrofiado por falta de movimiento. El aumento del flujo sanguíneo también llevará nuevos nutrientes al área lesionada para ayudar a reparar y llevarse los residuos.
Al principio el movimiento será lento y controlado, y a menudo, a un rango de movimiento limitado. Es importante progresar despacio pero constante, y una vez se restablezca el rango de movimiento completo, se puede ir añadiendo resistencia gradualmente.

Cuando me rompí el cuádriceps derecho, al principio tenía grandes dificultades hasta para andar. Ni siquiera podía doblar las piernas más de unos pocos grados o cargar con ningún peso. Mi primer objetivo fue el ser capaz de doblar la pierna a través de un rango completo de movimiento. No seguí ningún tipo de programa de rehabilitación organizado así que lo hice suponiendo por mí mismo.
Lo que hice fue ponerme entre dos mesas, en la esquina, aguantando mi propio peso con los brazos y, poco a poco, iba bajando tanto como podía tolerar. Al principio sólo bajaba unos centímetros, pero cada día iba aumentando el rango de movimiento hasta llegar al punto en que podía bajar hasta la posición completa de la sentadilla.
Ahí ya estaba listo para añadir resistencia. Al principio se trataba sólo de mi peso corporal parcial. Me tenía que ayudar con los brazos al subir o bajar. Hice esto a diario hasta que lo pude hacer sin ayudarme.
A continuación me centré en aumentar el número de repeticiones que podía hacer por serie, progresando en diferentes series y repeticiones hasta que sentí que era momento de meterme otra vez debajo de la barra. Este proceso inicial me llevó sólo unas semanas, pero los resultados pueden variar dependiendo de la gravedad de la lesión, la tolerancia al dolor individual, la experiencia con la rehabilitación y la motivación.

Paso dos: Agregando resistencia
Al añadir la resistencia, la clave está en hacerlo de una manera lenta y controlada, pero progresiva, siempre escuchando a tu cuerpo mientras. Para minimizar el riesgo de una nueva lesión es fundamental reconocer las señales que el cuerpo te manda y saber interpretarlas.
Tras las sesiones de entrenamiento tienes que ser capaz de diferenciar entre el dolor de las agujetas y el de hacer mucho demasiado pronto y correr el riesgo de volverte a lesionar. Una fuerte conexión mente-cuerpo es una necesidad.

La resistencia debe ser de pequeños incrementos semanales hasta el punto de ser capaz de volver a los entrenamientos normales. Por ejemplo, alrededor de un mes después de mi rotura de cuádriceps en enero del 2008 pude volver a hacer sentadillas con sólo la barra. A esto le siguieron unas pocas repeticiones con 60 kg a la semana siguiente, unos 100 kg a la siguiente, luego unos 140, etc…
Tras unos meses pude volver y superar los pesos de mis entrenos previos. Todo el tiempo estuve escuchando con mucha atención a mi cuerpo, y me dijo que tenía que dar marcha atrás o reducir mi progreso. Lo hice. 6 meses más tarde, en julio de 2008, hice sentadillas con 500 kg y gané en la división de peso pesado y superar la UPA Pro Am.
Habiendo hecho sentadillas con unos 455 kg antes de lesionarme, consideré que ir subiendo 40 kg por semana post operación era una progresión moderada, y sería el equivalente a alguien que hace sentadilla con 135 kg y que incrementa por semana unos 10 kg. Así que, aunque pueda parecer que estaba dando saltos enormes de semana a semana, el avance fue muy moderado teniendo en cuenta mi nivel de fuerza.

El proceso psicológico
Para algunos esto no es un reto, pero para muchos aquí es donde se libra la verdadera guerra cuando van a volver y a superar su fuerza y tamaño pervios a la lesión. Ha habido muchos campeones que han acabado sus carreras durante la noche por culpa de una lesión. Aquí está la forma de superar el miedo a la lesión y empezar a abrir nuevos caminos lo antes posible.

En primer lugar, debes creer en tu capacidad de recuperarte del todo. Desde el segundo en el que sufres la lesión, debes verlo como un simple bache en el camino y una irritación de menor importancia, nada más. No le des ninguna importancia más a la lesión de lo que es debido. Esto es simplemente otro reto a superar en el camino a lograr tus metas.

Racionalización
Si tienes problemas para ver las lesiones de esta manera, existen varias estrategias para ayudarte a llegar a esta forma de pensar.

La primera es la racionalización. Invoca a tu Mr. Spock interior y mira las lesiones desde un punto de vista racional y lógico. Date cuenta de que muchos atletas han superado lesiones similares y, a menudo, lesiones mucho más graves que tú y volvieron a competir superando sus mejores marcas antes de lesionarse.

Conozco a un powerlifter que se machacó las vértebras torácicas haciendo sentadillas, y a otro al que le tuvieron que meter placas de metal en la columna lumbar, y ambos volvieron e hicieron mejores sentadillas que nunca. Otro powerlifter y strongman se partió los dos tendones rotulianos y después de que los médicos le dijeran que tendría suerte si volvía a andar, volvió a hacer sentadillas y movió unos 500 kg.
Incluso conozco a un luchador al que le tuvieron que amputar una pierna por culpa del cáncer y volvió a competir a un nivel superior al que lo hizo antes de la operación. Teniendo en cuenta eso, ¿puedes de verdad ver la lesión que quiera que tengas y decirte que no es posible volver incluso mejor que antes?

Visualización
Volver a lo que sea que causara la lesión puede ser desalentador. Sé de más de un powerlifter de elite que se lesionaron haciendo sentadillas importantes y nunca fueron capaces de conquistar mentalmente el miedo a que volviese a ocurrir. Cada vez que lo intentaban, en lo único en lo que podían pensar era en la lesión y cómo se sintió cuando pasó.

Aquí es donde la visualización puede ser de gran utilidad. Al volver a la causa de la lesión, ser capaz de cambiar lo que ves en tu mente es clave. Es necesario practicar la visualización hasta que las imágenes en tu cabeza sean tan reales como lo que ves con los ojos. Entonces puedes pasar a recrear el escenario de tu lesión, esta vez viéndote a ti mismo haciendo el ejercicio sin lesionarte.

Aunque esto suena más fácil de lo que es en realidad, con la suficiente práctica y repetición es muy alcanzable. Esta es mi técnica cuando se trata de romper los estancamientos y se puede usar de forma eficaz para cambiar tu punto de vista de acontecimientos pasados y conquistar tus miedos.

Sin miedo
Nunca dejes que el miedo sea tu peor enemigo. El miedo impide a muchos alcanzar su verdadero potencial, y puede ser un gran obstáculo cuando se trata de las lesiones. Tienes que entrenarte para controlar tu mente y comprender que el miedo lo auto-creas, y por eso tienes el poder de destruirlo.
Date cuenta que el miedo sale de dentro. Es por eso que muchos puedan experimentar la misma situación y cada uno tenga una reacción diferente. Cualquier cosa que podamos generar también las podemos controlar.
Por ejemplo, cuando competí en mi juventud me ponía muy nervioso y permitía que es nerviosismo se convirtiera en miedo. Cuando llegaba la hora de competir, estaba tan asustado que ya había perdido.

Con el tiempo aprendí a controlar esta energía nerviosa y a convertirla en una agresividad controlada. Con el tiempo, esa energía nerviosa pasó de ser mi mayor enemigo a mi mejor aliado. Recuerda que todo es generado internamente a nuestra orden. Sólo tienes que aprender a dar las órdenes.

Resumiendo
A pesar de sufrir más que mi parte de lesiones, no me las tomo a la ligera, ni estoy sugiriendo que lo hagas. Pero me niego a concederles poder alguno sobre mí ni psicológicamente o a interponerse entre mis metas y yo.

Aquí está lo que hay que hacer cuando se sufre una lesión:

– Empezar a moverse tan pronto como sea posible.
– Trabajar para restablecer el rango completo de movimiento.
– Una vez alcanzado el rango completo de movimiento, añadir peso progresivamente.
– Aumentar el peso de una vez por semana en pequeños incrementos al mismo tiempo que se escucha de cerca al cuerpo.

En cuanto al aspecto psicológico de la rehabilitación de lesiones:

– Recurrir a la visualización para ayudarse a superar los miedos específicos y aprender a controlar las emociones.
– Doblegar esas emociones doblar a voluntad y aprender a transformar el miedo en energía concentrada.
– Comprender que otros han pasado por situaciones similares o peores y volvieron mejor que nunca, y no hay ninguna razón para que no puedas hacer lo mismo.

Las lesiones en los tejidos blandos son un dolor (perdón por el juego de palabras), pero no tienen que acabar con tu carrera. Recuerda, las lesiones son pequeños obstaculos en el camino hacia tu meta.