Después de toda tempestad viene la calma

En los momentos más difíciles, cuando todo parezca ir mal, cuando la relación con tu pareja esté en un mal momento o cuando los problemas económicos te agobien, recuerda que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que los resista, y que después de la noche llega el día. Por encima de esas nubes negras que oscurecen todo abajo, siempre está brillando el sol. Recuerda que tarde o temprano pasará la tormenta y llegará la calma.

La base del sufrimiento es el apego, el deseo. En cuanto deseas compulsivamente una cosa y pones todas tus ansias de felicidad en ella, te expones a la desilusión de no conseguirla. De no haber deseado tanto que tu amigo te acoja, te contemple y te tenga en cuenta, no te importaría su indiferencia ni su rechazo.

Donde no hay deseo ni apego, no hay tampoco miedo a perderlo. Si no tienes deseos de algo que dependa del otro, nadie te puede intimidar, ni controlar ni robar.

Aprende a vivir solo cuando de pedir se trata, pero comparte con todos tu amor, tu sonrisa, tu bondad, tu cariño y hasta el dinero, si puedes permitírtelo. Recuerda que la clave de la felicidad y del éxito está en no esperar nada de nadie.

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